Antes de la pandemia, las comidas comunitarias eran el alma de la Parroquia. Se reunían para celebrar en el «Restaurante del Señor», una ocasión para comer, abrazarse, socializar y, a veces, incluso bailar juntos.
La parroquia, multicultural y multilingüe, se vio obligada a adaptar sus rutinas cuando la pandemia arrasó Nueva York. «Va en contra de mi personalidad, mi educación y mi Ministerio no estar con la gente, que no estemos juntos», se lamenta el P. Juan.
Rápidamente se creó una cadena de mensajes de texto para que la información urgente pudiera llegar a todos los feligreses. Era una forma de mantener a la gente al tanto de los numerosos recursos que la Parroquia seguiría proporcionando, aunque de forma adaptada.
Gracias a una subvención de los Fondos de Primera Línea contra la COVID-19 de los Ministerios Episcopales de Long Island, el padre Juan comenzó a comprar y distribuir alimentos a los feligreses.